“No tengo ganas de entrenar, tengo que…”

¿Te suena la frase del título del post de hoy? Quizás otras similares, no puedo entrenar, hoy no tengo tiempo, tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro…

¿Cuántas cosas hay más importante que tu salud?

Hay gente que están tan ocupadas trabajando para ganar dinero, que luego se tienen que gastar todo lo ganado en médicos para recuperar su salud, hay otras que no tienen tiempo, porque el día solo tiene 24 horas, no nos engañemos, si el día tuviera 30 horas, tampoco tendrías tiempo, todos tenemos el mismo tiempo, es cuestión de ordenar prioridades.

Las personas que hacen ejercicio son mucho más activas y sacan mucho más rendimiento a las horas del día.

De las 24 horas que tiene el día, 8 horas para dormir, vamos a poner 2 en coche o transporte público, 8 de trabajo, ya tenemos 18 horas. Nos restan 6 horas para el resto de obligaciones de las cuales, 1 debería ser destinada para tu salud.

Uno de los ladrones de tiempo que tenemos sin duda es el móvil, sino lee a continuación:

¿Cuántas veces miras el móvil al día?

Hay datos que revelan la hiperconectividad que tenemos los españoles del móvil:

El 65% de los españoles volvería a casa a por el móvil si se le olvida. El 75% en el caso de los menores de 25 años.

1 de cada 2 personas pasa más de 2 horas al día conectada por ocio. Este dato aumenta en el caso de las mujeres, 1 de cada 3 dedica más de 3 horas a navegar por motivos personales. Además, a menor edad, mayor número de horas de conexión, la mitad de los menores de 25 años están más de 3 horas dedicados a redes sociales o WhatsApp.

1 de cada 3 personas mira el móvil más de 100 veces al día, lo que significa que miramos el móvil una media de 1 vez cada 10 minutos sin contar las horas de sueño. El 25% de los menores de 25 años lo mira una media de 150 veces al día (1 vez cada 7 minutos).

El 95% de los españoles está como mínimo en un grupo de WhatsApp y un tercio tiene de 5 a 10 grupos. Un 40% de los menores de 25 años tiene más de 10 grupos.

El 57% sufre de aislamiento debido a que a menudo están en la misma habitación con otros miembros de la familia, mirando el móvil, pero sin hablar entre ellos. Esta cifra asciende a un 60% de las mujeres.

Tienes más datos sobre esto aquí.

Cuidarse no tiene que suponer un esfuerzo

A veces, sólo escuchar la palabra “cuidarse” ya da pereza, algunas personas incluso se imaginan en el gimnasio exhaustos y con el cuerpo dolorido por las agujetas.

Si eres de esas personas, sería mejor que sustituyas la palabra “cuidarse” por “quererse”, “mimarse” o “educarse”, todas ellas tienen el mismo objetivo. Ten en cuenta que cuidarse no es algo que ocupe las veinticuatro horas del día.

Decidirse a cocinar un plato u otro no lleva más de un minuto, y lo mismo la decisión de ir al gimnasio o quedarte en casa viendo la tele. Y sí, es cierto que una vez en el gimnasio estarás más tiempo, pero una vez allí eso no te supondrá ningún esfuerzo. Al contrario, mientras haces ejercicio pensarás aquello de “tengo que venir más”…

La motivación

A la hora de buscar una buena fuente de motivación, es importante distinguir entre motivación fría y motivación caliente:

  • La motivación fría. Es aquella que se cuece poco a poco y que de manera constante nos empuja a lograr los objetivos. Es la clave más importante para la consecución de cualquier éxito. Es la que tira de ti hacia tu objetivo, sea ponerte en forma o sacarte una carrera, y te hace pensar a largo plazo.
  • La motivación caliente. Es fruto de un impulso, de un arranque de ganas, suele ser intensa pero corta, te lleva a comportamientos muy apresurados.

La gran diferencia entre ambos tipos de motivación es que la fría procede de nuestro interior como fruto de una reflexión y una decisión tomada en firme, de forma consciente, mientras que la motivación caliente siempre viene de un impulso procedente del exterior.

En la aventura de cambiar de hábitos para ponerse en forma, encontrar un compañero de viaje es siempre un acicate. Alguien con quien compartir experiencias y en quien apoyarse en los momentos bajos.

La meta

La meta es el objeto del deseo, aquello que buscamos y en lo que estamos dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo para alcanzarlo.

No todas las metas son iguales, por ejemplo hay tareas que están bien diferenciadas como la de estudiar para un examen, y otras que no tanto, como esto de ponerse en forma, “¿Cuándo estoy en forma?”, esta pregunta es difícil de responder, porque cuando han alcanzado uno de tus objetivos, lo que suele suceder es que quieras más, esto es fruto de sentir los beneficios de estar bien.

Lo que hoy es una meta, mañana será un punto de partida, es bueno que haya una meta, pues es lo que marca el camino a seguir, lógicamente debe ser alcanzable, sino puede tener el efecto contrario, en vez de motivarte y desmotivará.

La fase frágil

Los días que menos te apetece entrenar son justo aquellos en los que más necesitas el chute de endorfinas que produce el ejercicio, esas famosas hormonas del bienestar que producen una sensación de plenitud comparable a aquella aportada por el consumo de un alimento placentero, hipercalóricos, grasientos y azucarados.

El ejercicio se convierte así, en la mejor forma de eliminar el desánimo de tu cabeza y de tu cuerpo.

Recuerda que todos los que están en forma han pasado por un momento como éste. Yo el primero.

Lo mejor para entusiasmarse por algo es pensar que nos gusta. Así acabarás creyéndolo. Mentalízate que te encanta entrenar y te apetece. El poder de la mente es más grande de lo que imaginas y debes aprender el arte de entusiasmarte.

Con todo eso en mente, ya verás cómo esta fase crítica queda pronto atrás.

Los días malos son los buenos

Como preparador físico, he visto que la gente me llega muy cansada y estresada, y es justo el ejercicio lo que les da un desahogo, una forma de canalizar ese estrés y equilibrar un poco el cansancio psicológico con el físico.

Lo que pasa es que la mayor parte de las veces que decimos que estamos demasiado cansados en realidad nos estamos refiriendo a cansancio psicológico, mental. Por el contrario, el cansancio físico puede ser mínimo o inexistente, lo que provoca un desequilibrio en tu interior.

Todo esto se elimina y equilibra haciendo ejercicio, de ese modo tu cuerpo, y no solo tu mente, necesitará también descansar, lo que te ayudará a regular el sueño. Durante la sesión, las endorfinas te ayudarán a descubrir un enfoque más positivo a tus problemas. Por ejemplo hay gente que cuando no puede con un problema, sale a correr. Durante la carrera hay más posibilidades de encontrar la solución que si te quedas sentado delante de la televisión dándole vueltas y más vueltas a lo mismo.

Nunca abandones

Piensa que la batalla que estás librando no es contra tu cuerpo, sino con tu mente. Y que no te han vencido mientras no creas que lo estás.

Da igual si has fallado un día, una semana o un mes. Mientras tengas claro cuál es tu objetivo, tendrás media batalla ganada. Sólo tienes que seguir caminando para lograr la otra media.

Tienes que transformar la costumbre en el fracaso en alimento para el triunfo en el futuro. Es decir, debes aprender de cada fracaso, conocer los motivos que te llevaron a él y extraer la lección pertinente.

Si caes en el derrotismo perderás la ilusión y no hay malestar tan incómodo como el de vivir sin ilusiones. Y el deseo de estar en forma es una ilusión muy importante porque se irradia al resto de las parcelas de la vida.

Ya has tomado la determinación de convertirte en una persona diferente, ya eres alguien diferente. No reniegues de ello y nunca abandones.

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